Asher
La noche había envuelto el mundo en su silencio, y la luna se cernía baja en el cielo, pálida testigo de la inquietud que sentía retorciéndose en mis entrañas. El aire frío me mordía la piel, pero no era el frío lo que me hacía temblar. Era la incertidumbre, esa sensación angustiosa de que se nos acababa el tiempo, de que nos quedábamos sin opciones. Kingston acababa de decirnos que podíamos colarnos de nuevo en su apartamento, pero yo no estaba seguro de que fuera una buena idea.
—No s