—No vuelvas a tocarme sin mi permiso — Le espetó, con una fuerza que no sabía que tenía.
La tensión entre ambos se volvió insoportable, y la luna comenzaba a aparecer en el horizonte, marcando un destino incierto.
La brisa marina azotaba con fuerza la isla, levantando arena y hojas secas. La luna menguante apenas iluminaba el lugar, creando un contraste entre la belleza del paisaje y la sensación sofocante que invadía a Melany.
Kiny la había traído ahí con la excusa de “Conversar”, pero ahora, frente a sus ojos, se mostraba irreconocible; su mirada ardía de una obsesión peligrosa.
Ella, con el corazón acelerado, trataba de apartarlo, pero él no cedía —¿Pero qué dices?, y no sería lo correcto… si tu padre se entera me desterrará — Susurró ella con miedo, tratando de razonar.
Kiny la sujetó más fuerte de los brazos, y la arena fría bajo sus pies se convirtió en su única defensa, con besos apasionados por toda su piel la acomodo e ingreso en ella, haciéndola suya por completo, aunque Mela