—Bien, entonces vamos. Nos han convocado a una reunión en las ruinas —
Melany asintió, aunque cada paso la pesaba. No quería ir. Su corazón estaba encogido, luchando por mantener en secreto el tormento de la noche anterior. Finalmente, llegó al lugar, quedándose al fondo, lejos de todos, esperando en silencio lo que sería comunicado.
El rumor del mar golpeaba suavemente las ruinas, y todos los miembros del clan se habían reunido como había ordenado Sirku. Kiny estaba algo inquieto, mirando a su alrededor como si buscara a alguien. A su lado, la presencia de Montserrat, su hermana mayor, resultaba inusual, y Melany, al fondo, sentía el corazón apretado al verla allí.
Entonces el patriarca Sirku salió de entre las columnas antiguas, su figura imponente brillando bajo la luz tenue del amanecer.
—Buenos días a todos — Dijo con voz grave y solemne— Los he convocado aquí porque quiero anunciar el compromiso de mi hijo Kiny con Montserrat —
Las palabras cayeron como un trueno. El murmullo de