Cuando la última puerta se cerró, quedó el núcleo duro; Lessandro, Norberto y Royer. La presencia de las visitas había sido una bendición, pero también un recordatorio de la urgencia. El plan estaba en marcha. Sujhan debía despertar, pero sin que los desertores, ni enemigos ni curiosos pudieran aprovechar la vulnerabilidad.
Lessandro se quedó unos instantes observando la pulsera en la muñeca de Sujhan, el brillo leve bajo la luna —Hay que proceder con cautela — Murmuró— Yo la instruiré poco a po