Gusto estaba agotado, el sudor le corría por la frente mientras maldecía entre dientes por tener en riesgo a su bebé junto a Mariana.
Humo apareció con una sonrisa arrogante, avanzando hacia ellos —Parece que llegué en el momento perfecto — Dijo, confiado en su fuerza.
—No, si nosotros lo permitimos — Intervino Anfu, colocándose de inmediato frente a Humo, mientras Siria bloqueaba el paso de Kiribati con movimientos precisos.
Humo no perdió tiempo; atacó a Anfu con técnicas rápidas y devastadoras, pero el elfo logró esquivar con agilidad sobrenatural. Paralelamente, Siria se enfrentaba a Kiribati, quien no se lo estaba poniendo nada fácil.
Mariana, presa de fuertes contracciones, gimió, y Gusto intentaba darle calor, pero la energía que había consumido antes ya no era suficiente. La tensión aumentó cuando Cris, Celia, Kirli, Josefa, Neira y Rusil llegaron al jardín, mientras Rufo defendía la retaguardia de sirenas y centauros desertores.
Anfu, lanzando a Humo hacia un costado, se giró