Justo, atento, intervino —Amor, es mejor que regresemos. No quiero que nada malo te suceda. Si ya los revisaste, no necesitamos quedarnos más. Será mejor guiarnos por los informes y más considerando tu estado —
Ninf sintió un leve peso en el corazón; desde el nacimiento del bebé de Seina, no podía moverse libremente, y eso la entristeció.
—Pero no ha pasado nada grave, y quiero seguir revisando — Insistió— Además, Josefa me ayudó a que no ocurriera ningún accidente —
Justo la miró y, después de un instante, su expresión cambió suavizando su tono —De acuerdo, nos quedaremos un ratito más — Dijo, con una leve sonrisa.
—Sí, gracias — Respondió Ninf, correspondiendo la sonrisa.
Justo se marchó entonces a seguir revisando los demás cristales.
Mariana, con curiosidad, se acercó a Ninf —¿Aún no estás bien con Justo? —
—Mariana, estoy encarcelada — Respondió Ninf, con un dejo de tristeza— Este cristal en mi brazalete no es más que una cadena; no puedo moverme mucho sin que él se entere, y se