Se cambiaron con rapidez, arreglaron lo imprescindible y cruzaron el umbral hacia la mansión de Andy con la pesadez de quien va a un destierro camuflado.
Mientras Lessandro desaparecía tras su portal, la casa se quedó con un silencio tenso; Andy, dormido en su cuarto, no sabía aún que al alba su hogar estaría lleno de hermanos que se movían incómodos bajo reglas ajenas a su voluntad.
Al llegar a la mansión pasadas las horas, Norberto y Royer encontraron el laboratorio impecable; mesas ordenadas