Se cambiaron con rapidez, arreglaron lo imprescindible y cruzaron el umbral hacia la mansión de Andy con la pesadez de quien va a un destierro camuflado.
Mientras Lessandro desaparecía tras su portal, la casa se quedó con un silencio tenso; Andy, dormido en su cuarto, no sabía aún que al alba su hogar estaría lleno de hermanos que se movían incómodos bajo reglas ajenas a su voluntad.
Al llegar a la mansión pasadas las horas, Norberto y Royer encontraron el laboratorio impecable; mesas ordenadas, instrumentos alineados y el aroma tenue de infusiones recién preparadas. Andy, con las mangas remangadas, ajustaba unos frascos mientras revisaba una nota.
—Andy, me complace este lugar — Dijo Lessandro al entrar, inspeccionando el orden con la expresión satisfecha de quien aprecia el control.
—Lo sé, viejo — Respondió Andy sin levantar la vista del trabajo— Hoy vienen Reina y Carolina con sus padres a cenar; también vendrá John. Nos ayudarán con los ingredientes para la sustancia y con alguna