Lessandro asintió despacio, hundido en sus pensamientos —Lo sé — Murmuró— Haré que descansen cuando lleguen y los enviaré allá. Yo… iré a solicitar más tiempo sin magia —
Entraron juntos a la mansión. Andy sirvió un trago y se dejó caer en el sillón que aún conservaba el aroma leve de flores, el mismo donde su madre solía sentarse a leer.
Lessandro lo observó, inmóvil, con un peso extraño en el pecho.
—Hijo — Dijo al fin— Necesito que construyas aquí un laboratorio. Dime qué necesitas y te lo daré —
Andy levantó la mirada, y entre la ironía y el dolor, sonrió apenas —¿Por qué no hacerlo en tu mansión? —
El silencio duró unos segundos antes de romperse con una verdad que heló el aire —Porque ahí maté a tu madre… y a tu hermano — Dijo Lessandro sin rodeos, dejando que las palabras se clavaran entre ellos.
John bajó la cabeza. No se atrevió a interrumpir. Andy cerró los puños sobre sus rodillas, conteniendo el temblor de su respiración.
El olor a su madre seguía ahí, como si lo abrazara