A pocos metros, entre los árboles fronterizos, Gusto se enfrentaba al enemigo —¡Humo! ¿Cómo se te ocurre llegar a esta escala de descaro? — Gritó, con la voz cargada de furia y decepción.
El otro duende sonrió con una mueca amarga —Gusto… tú y yo tenemos una deuda pendiente. Jamás te perdonaré por engañar a Mariana. La hiciste creer que eras su destino, mientras yo estaba lejos cumpliendo tus órdenes —
Gusto apretó los puños. Su expresión era la de quien entiende, por fin, el origen de una traición —Mariana fue mi elección desde el primer día que la vi — Respondió con firmeza— Tú solo buscabas controlarla. Ella era libre, y tú la envenenaste con tus celos—
—¡Cállate! — Rugió Humo, y con un gesto lanzó la orden de ataque.
De inmediato, los suyos se abalanzaron sobre los guardianes. Espadas encantadas chocaron, los rayos de energía cruzaron el aire, y el bosque entero se convirtió en un campo de luz y sombras.
Los aliados del clan, centauros, sirenas y duendes leales, resistían con toda