A pocos metros, entre los árboles fronterizos, Gusto se enfrentaba al enemigo —¡Humo! ¿Cómo se te ocurre llegar a esta escala de descaro? — Gritó, con la voz cargada de furia y decepción.
El otro duende sonrió con una mueca amarga —Gusto… tú y yo tenemos una deuda pendiente. Jamás te perdonaré por engañar a Mariana. La hiciste creer que eras su destino, mientras yo estaba lejos cumpliendo tus órdenes —
Gusto apretó los puños. Su expresión era la de quien entiende, por fin, el origen de una trai