Robert, Milor y Hillary se reunieron en silencio. Las manos de los centauros se alzaron al cielo, y uno a uno comenzaron a surgir los gigantes de piedra, sus figuras esculpidas con runas antiguas. Extendieron sus brazos alrededor del clan, formando un círculo perfecto. De la unión de sus energías nació un resplandor dorado que creció hasta cubrir todo el valle; el escudo de los centauros volvía a despertar.
Mientras todos regresaban a sus clanes, Andy envió un mensaje urgente a Xurun y Justo. Debían iniciar de inmediato la búsqueda de las piedras. No había tiempo que perder; no solo estaban en juego los embarazos, sino los entrenamientos y la defensa ante una amenaza que se avecinaba con cada noche más cercana.
Horas después, el sonido de pasos resonó en los corredores de la ciudadela. John llegó apresurado, su túnica aún impregnada de polvo del viaje. Apenas cruzó la entrada, sintió una presencia detrás de él. Esta vez no se sobresaltó; simplemente se volvió, ya en guardia.
—Traigo b