Elena ya no podía soportarlo más. Jayden tenía permitido insultarla a ella, pero no a su madre; eso era algo que jamás le iba a tolerar. Porque, sin darse cuenta, Elena todavía se preocupaba profundamente por la mujer que le había dado la vida. Era, simplemente, demasiado orgullosa para admitirlo.
—¡Insolente! —bramó Jayden. Incapaz de aceptar la bofetada, levantó la mano de inmediato y le devolvió el golpe con rabia.
Elena volvió a caer al suelo, esta vez en un estado mucho más crítico. Le zum