—¿Esperas visitas? —preguntó Aria, sin soltarse del abrazo de Hans. Ella alzó la mirada y él se inclinó un poco; sus rostros quedaron tan cerca que podían sentir el roce de sus respiraciones.
—No. Que yo sepa, no invité a nadie. Además, las únicas personas que se saben el PIN de mi apartamento somos tú, mis padres y Viona —respondió Hans, visiblemente confundido.
Ambos se separaron y salieron de la habitación, intrigados por saber quién había llegado.
—¡Hola, mi amor! —saludó la mujer, batallan