Hoy, Aria y Hans tenían planeado regresar juntos a Alatha. Mientras estaba en la cocina preparándole el biberón a Juan, Aria se topó con Viona, quien parecía que acababa de despertarse.
Aria recordó de repente que, desde que había llegado a casa de Hans, no había tenido la oportunidad de saludar a Viona formalmente porque la situación no se había prestado para ello. Además, Aria había estado muy absorta en sus propios asuntos. Ni siquiera le había dado el pésame.
—Buenos días, Viona —saludó Ari