—Jayden, ¿por qué estás tan pinche callado? —preguntó Elena, rompiendo el abrazo para clavársele con la mirada. La mujer le hizo un puchero idéntico al de una escuincla chiquita que quiere llamar la atención.
Jayden, regresando de golpe de su viaje mental, sacudió la cabeza con rapidez para espabilarse y le regaló una sonrisa de inmediato.
—No es nada, mi amor. Pero como que ya me está rugiendo la tripa del hambre —soltó el tipo, sobándose el estómago—. ¿A poco ya preparaste algo de comer? —pre