—¿Y bien, Aria? ¿Aceptas mi oferta? —preguntó Hans tras dar un sorbo a la bebida que el camarero acababa de traer junto con el resto de su pedido.
Aria levantó la vista, clavando sus ojos en los de Hans. No mostró expresión alguna, lo que le hizo imposible a él adivinar qué pasaba por su mente.
Hans volvió a sonreír. —No perderás nada si aceptas, Aria, porque esto no es solo una sociedad. —Hans hizo una pausa y luego la miró profundamente. Intentaba demostrarle que lo que estaba a punto de deci