Aria suspiró suavemente y volvió a observar a Hans y a Juan.
—¿Hans? —llamó, haciendo que el hombre, que estaba sumergido en su charla unilateral con el bebé, se diera la vuelta.
—Dime, ¿qué ocurre? —preguntó Hans.
—Si no te importa, ¿te gustaría quedarte a almorzar aquí? —invitó Aria. Su tono denotaba cierta vacilación; después de todo, Hans era un hombre ocupado y ella no quería dar nada por sentado.
—Me parece una idea fantástica —respondió Hans con entusiasmo. Aria se sorprendió un poco ant