ELIZABETH WINTER
El verdadero terror es una sensación extraña. No llega como un grito, sino como un silencio absoluto que recorre tu piel y te impide actuar. Esa era la forma en que Alexander me estaba mirando. Su mente brillante y racional parecía haberse apagado, dejando solo el sonido de su voz repitiendo las mismas dos palabras:
— Desapareció.
Solo había un padre en pánico cuyos ojos recorrían la multitud desesperadamente.
Manejar crisis había sido mi trabajo durante un mes. Me pagaban