ALEXANDER HAMPTON
Correr no era lo suficientemente rápido. Quería volar. Quería tener visión de rayos X. Quería retroceder en el tiempo cinco minutos y nunca haber apartado la vista de ese maldito banco.
Mi mente estaba invadida por escenarios catastróficos. Secuestro. Accidente. Que hubiera salido a la calle y lo atropellaran. La culpa era un ácido en mi estómago. Le había prometido a Damian que cuidaría de ellos. Y había fallado. En el primer día.
Empujé a un grupo de adolescentes que bloq