ALEXANDER HAMPTON
Los días pasaron y se formó una extraña rutina.
Bebíamos café en lados opuestos de la isla de mármol. Luego, yo me iba a Fox&Maple y ella se las arreglaba. Eso, descubrí, implicaba algunas idas al gimnasio, largos almuerzos con personas que parecían salidas de portadas de revistas, y... llamadas.
Llamadas misteriosas e interminables.
Algunas veces la veía en la cafetería. A veces pasaba caminando por la calle, hablando por teléfono o con su amiga que vive en la ciudad.
Las noc