ALEXANDER HAMPTON
A pesar de mis negativas, en ese momento miraba fijamente una brocheta de madera que tenía tres escorpiones negros, brillantes y, aparentemente, crujientes.
Parecían devolverme la mirada, con sus aguijones curvados en un desafío póstumo.
— No. — repetí por tercera vez, negando con la cabeza. — Lizzy, eso es un arácnido. Tiene veneno. Tiene caparazón. Eso no es comida, es un error de la naturaleza que alguien decidió freír.
Lizzy estaba a mi lado, sosteniendo su propia brocheta