STELLA HARPER
El celular vibró sobre la cómoda. Ya era tarde y no esperaba ninguna llamada. Cuando lo cogí y vi el nombre en la pantalla, el corazón me dio un vuelco.
Contesté con la respiración contenida, como si el simple sonido de su voz bastara para robarme el aire de los pulmones.
—Hola, amor —era surrealista oírlo llamarme así. Todavía parecía un sueño.
—Hola… ¿todo bien?
—Sí. Ya estamos en el apartamento —sonaba un poco cansado, pero al oírlo cerré los ojos, aliviada.
—¿Y Danian? ¿Está b