DAMIAN WINTER
El silencio que cayó sobre la sala después de mis palabras fue casi ensordecedor. El rostro rígido de mi padre se volvió lentamente hacia Sophie. Sus ojos centelleaban de incredulidad, pero también de decepción.
—Sophie… ¿es verdad lo que él dijo?
Ella palideció al instante, los labios temblando, el pecho subiendo y bajando en respiraciones cortas.
—Yo… yo no… —intentó balbucear, desviando la mirada de todos—. ¡Fue mi madre! ¡Solo mi madre! ¡Yo no sabía nada, lo juro!
Mi