SOPHIE PÓSITRON
El reloj marcaba casi las once de la noche y mi despacho en el edificio de Pósitron parecía una isla aislada. Yo era la única que seguía intentando encontrar una salida. Mi padre estaba furioso y pretendía echarme toda la culpa para intentar salvar la empresa lo máximo posible. ¡Todo está saliendo mal!
Pilas de carpetas se acumulaban sobre la mesa, cada una más urgente que la anterior. Mi teléfono no había dejado de sonar en todo el día y ahora, por fin, me habían dado un respir