DAMIAN WINTER
El auto se deslizaba por la calle sin que yo me diera cuenta realmente. El teléfono vibraba con mensajes del comisario Morales y con la confirmación de que el equipo estaba en posición.
Llegamos al galpón al mismo tiempo que la patrulla de Morales. La construcción era una caja oscura arrinconada en una calle secundaria, con el tiempo y el abandono adheridos a las paredes. Había luces tenues en el interior, lo suficiente para distinguir formas, pero nada nítido. Morales me tomó del