DAMIAN WINTER
El hospital olía a desinfectante, frío e incómodo, como si cada partícula de aire fuera filtrada para quitar cualquier rastro de humanidad de allí. Llevé a Danian en brazos hasta el área de urgencias, ignorando las miradas curiosas y los susurros de los profesionales que reconocían mi rostro, o tal vez solo la escena.
No importaba. Que miraran.
El equipo médico ya estaba listo para recibirnos. Querían llevárselo, claro, pero Danian no se despegaba de mí. Temblaba, sollozaba aún en