—¿Tú… tú me salvaste del secuestro? —exclamó Ellyn con una mezcla de sorpresa, rabia y confusión, dando un paso hacia atrás, como si temiera la respuesta.
Federico asintió en silencio. Su mirada no tembló, pero su rostro reflejaba culpa.
—¿De verdad creíste que te abandonaría a tu suerte? —su voz se quebró levemente—. Me equivoqué al elegir a Samantha. Lo sé. Estaba cegado por el rencor, por el orgullo. No pensé con claridad. Apenas la dejé, volví con mis hombres… por ti. Para salvarte. No pude