Melissa lloraba. Las lágrimas corrían por sus mejillas con un temblor incontrolable, como si su cuerpo entero hubiera sido quebrado por dentro.
Se sentía sucia, destrozada, como si la hubieran convertido en una muñeca rota que ya nadie podría arreglar jamás.
El horror de sentir aquellas manos desconocidas sobre su cuerpo la hacía estremecerse. Ese hombre… ese monstruo había intentado despojarse los pantalones mientras la inmovilizaba con su peso, con su deseo podrido.
El terror le dio fuerza.
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