—¡Abuelo, no vas a morir! —gritó Ellyn con la voz entrecortada, como si esas palabras fueran un conjuro que pudiese cambiar el diagnóstico.
Sus ojos se clavaron en los del doctor, buscando una esperanza, una salida, una mentira piadosa que lo desmintiera todo.
El médico, serio, carraspeó.
—Señor Durance, necesita iniciar el tratamiento cuanto antes. Aún hay posibilidades. Son complicadas, pero sí las hay… si lucha con todo lo que tiene.
El abuelo Markus asintió, la mirada firme, los labios apret