El ambiente en la sede central de Castello Group aquella mañana era muy distinto al de costumbre.
Los pasillos, que normalmente estaban llenos de conversaciones ligeras, se habían convertido en un mar de murmullos tensos. Los rostros que solían mostrarse tranquilos ahora reflejaban preocupación. Incluso los pasos del personal sonaban más apresurados.
Livia permanecía de pie frente a la ventana de su oficina, con la mandíbula tensa.
Detrás de ella, varios informes financieros estaban esparci