La noche seguía avanzando.
El pasillo del hospital estaba cada vez más vacío.
Los pasos de las enfermeras se escuchaban con menos frecuencia, pero cada sonido parecía resonar con mayor claridad.
El silencio cubría casi todo el piso.
El reloj ya había pasado la medianoche cuando una figura apareció finalmente al final del corredor.
Damian levantó la cabeza.
Nicholas.
El hombre caminó hacia él con el rostro tenso.
No hubo saludo.
No hubo sonrisa.
Sus miradas se encontraron durante unos