Capítulo 41

Ahí estaba yo, esperando a Verónica para cumplir mi promesa suicida: ir a ver a Gabriel. El sonido de la corneta del coche anunció su llegada. Bajó el vidrio, revelando su rostro espectacular enmarcado por unos lentes de sol que contrastaban con su melena rojiza y brillante.

—¡Sube, que desfallezco de hambre! —exclamó con su dramatismo habitual.

No perdí tiempo y me acomodé en el asiento del copiloto. Yo también me moría de hambre.

Verónica arrancó el coche y puso música suave. Antes, programó
Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App