(POV de Julián)
—Lord Boscán —dijo Catalina, con la voz bajando a un ronroneo suave y tranquilo que llevaba el frío absoluto de un invierno del norte. No ofreció una reverencia cortesana. Simplemente inclinó el cáliz de plata hacia mí, con sus ojos agudos y perspicaces clavados en los míos con una quietud depredadora—. Parece notablemente apresurado para ser un hombre que se supone está disfrutando de nuestra hospitalidad. ¿Qué estaban discutiendo tan desesperadamente usted y la futura reina de