ADAM
No hubo rincón en la casa que no hubiese sido probado por nosotros, lo mejor de todo fue hacer el amor en el balcón, en esos sillones blancos, cabalgando en el atardecer.
No me cansé de hacer el amor y ella tampoco. Ese día la pasamos desnudos, hacía calor y la ropa nos estorbaba.
Por la noche decidimos salir a cenar, sorteamos entre las callejuelas estrechas y nos quedamos en pequeño local donde apenas y había tres mesillas, con dos sillas casa una, solo una de las mesas estaba ocupada.
—E