EROS
—Eros—tiró de mi—, vamos baja del auto.
—Solobaje—hipo—, cuando estén micasa
—Eros, ya estamos en tu casa, por favor baja conmigo.
Mi cuerpo estaba pesado y lento, saqué las piernas y enfoqué la mirada.
—Noo, besta no es mi casa.
—El chofer nos trajo a tu casa.
—Es de—hipo—, hermano.
—Bueno, es hora de entrar—se agachó para conmigo y mi cargó sobre su hombro.
—¡Wi! —subiremos al tebecito.
—Eros, no entiendo lo que…
—¡Chu chu!, el tebecito.
—Borracho—solo podía ver el suelo oscuro—, creo q