HOLLY
—Ya me duelen los pies—protestó Rory.
—Somos dos.
Era hora muerta, la mayoría de los pacientes se habían atendido muy rápido, y ahora solo había dos personas esperando su turno para pasar con mi hermana, la doctora.
Ambas vimos como Eros se acercaba a nosotras.
—¿No tienes frio? —reparó Rory nulo abrigo.
Eros tenía las mejillas sonrojadas.
—¿Te sientes mal? —me apresuré hasta él tomándole la frente—, tienes un poco de temperatura.
Se alejó de mí, algo roñoso.
—Yo… no, no es eso, estoy bie