ADAM
—Ah, espera… ah— su húmedo calor me apretaba los dedos. Podía ver su extasiada imagen por el espejo, sus dulces expresiones retorciéndose. Moví mis dedos más rápido—. No, no, no, hum…
—Si tiras más fuerte, vas a lastimarte.
Le até las piernas y sus brazos con una barra esparcidora. Coloqué frente al espejo un sofá para sentarme y sentarla en mis piernas, completamente expuesta. Ahora la tocaba y la apretaba hacia mí porque se retorcía en mis piernas.
Mi bóxer estaba apretándose.
—Ya… ya—se