Es su turno de escoger la película que quiere ver y que yo me tengo que aguantar.
Con una sonrisa maliciosa en su fabuloso rostro elige el «conjuro», dice que no la ha podido ver.
Soy mala para este tipo de películas, mientras yo sudo como vaca, él está más fresco que una lechuga. No puedo contener el chillido que sale de mí cuando veo a la tipa encima del armario y se abalanza sobre la niña.
—¡Santo Cristo! Edward, vas a matarme—exclamo, golpeo su brazo y él se ríe.
—Te aseguro que por una esc