CAPÍTULO DOCE

ELAXI

Duele.

Pero duele bien, se siente demasiado bien.

Ozzian me ha mordido el labio inferior con tanta fuerza que el sabor de mi sangre inunda mi boca. Parece no inquietarle, ya que lame de mis labios al tiempo que me arrastra hacia la cama de mi habitación. Sus manos son como dos brasas de fuego sobre mis caderas.

Su lengua baila con la mía en una danza frenética e imparable. Se detiene mientras nuestras respiraciones se mezclan y se hacen una.

—Quítate la ropa —su voz no ofrece la demanda q
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