ELAXI
Las manos me tiemblan mientras sirvo el café; esto no debería estar pasando, así como tampoco el hecho de dejarlos solos en la estancia principal. Sin embargo, en cuanto ambos se miraron a los ojos y me vi obligada a presentarlos, nadie tuvo más opciones. No importó que mirara a Ozzian con súplica para que no se le abalanzara a mi padre; él solo me ignoró. Parecía un depredador feliz por encontrar a su presa.
—Ya volví —anuncio.
El silencio es ensordecedor. Sirvo las tazas y mi padre romp