ELAXI
Las manos me tiemblan mientras sirvo el café; esto no debería estar pasando, así como tampoco el hecho de dejarlos solos en la estancia principal. Sin embargo, en cuanto ambos se miraron a los ojos y me vi obligada a presentarlos, nadie tuvo más opciones. No importó que mirara a Ozzian con súplica para que no se le abalanzara a mi padre; él solo me ignoró. Parecía un depredador feliz por encontrar a su presa.
—Ya volví —anuncio.
El silencio es ensordecedor. Sirvo las tazas y mi padre rompe contacto con él para enfocarse solo en mí. No hace falta ser demasiado inteligente para no darse cuenta de que él ya comprende lo que Ozzian significa.
—Cariño, ¿por qué no nos presentas como es debido? —agarra una de las tazas.
Asiento e intento sentarme a su lado; sin embargo, Ozzian me lanza una mirada cargada de advertencia. Respiro con profundidad y me dejo caer a su costado. Al instante, él rodea mi cintura y me estrecha más contra él, dejándome con las mejillas calientes, ya que soy con