ELAXI
Permanezco callada dentro del auto. La verdad es que no tengo nada que decir; sigo molesta con Ozzian por no defenderme frente a su amigo, pero, sobre todo, consternada por las medidas que ha tomado mi madre sin autorización de mi padre, actuando como si ella fuera la dueña de todo el pueblo, cosa que está más lejos de la realidad.
—Ela —me llama Ozzian a mi lado.
Lo ignoro.
—No puedes dejar de hablarme para siempre —veo de soslayo que aprieta el volante con fuerza, tanta que sus nudillos se blanquean—. Solo fue costumbre.
Eso incrementa mi dolor y mi rabia.
—Ela —insiste—. Por favor, nena, no estaba pensando bien.
Volteo a verlo.
—Parece que eso se te da bien últimamente —refuto.
—Joder, reaccioné algo tarde, eso es todo —replica sin apartar la mirada del camino; ni siquiera sé por qué lo dejé manejar.
La amenaza de mi madre sigue latente en mi sistema. Me muerdo el labio inferior hasta que el sabor de la sangre explota en mi boca. Pierdo la noción del tiempo por un segundo cua