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El estruendo del cristal al hacerse pedazos resonó por todo el salón como el primer acorde de una sinfonía del caos. Los invitados se giraron hacia las ventanas que daban a los jardines, donde las luces de emergencia comenzaron a parpadear con una urgencia que helaba la sangre. Valeria sintió que el suelo se movía bajo sus pies cuando vio a los agentes del CNI corriendo en todas las direcciones, sus radios crepitando con códigos que no necesitaba entender para saber que algo había salido terribl