El miércoles amaneció con Valeria sintiendo que había envejecido diez años en una semana.
Bajó las escaleras con pasos deliberadamente silenciosos, como si pudiera retrasar lo inevitable. La luz del sol entraba por los ventanales del pasillo, iluminando las fotografías familiares que Enzo había colgado hacía años: su madre, su padre, momentos congelados de una vida que ya no existía. Valeria apartó la mirada. No podía permitirse pensar en legados y fantasmas esta mañana.
La cocina estaba en sile