El silencio después del primer disparo fue más aterrador que el estruendo mismo.
Valeria yacía bajo el peso de Enzo, su cuerpo cubriéndola con una precisión que hablaba de entrenamiento militar, de reflejos cultivados en situaciones donde un segundo de retraso significaba la muerte. El vidrio continuaba cayendo en fragmentos diminutos, creando una melodía discordante contra el suelo de mármol. Carmen había desaparecido de su campo visual, probablemente arrastrándose hacia alguna posición estraté