La luz del amanecer apenas comenzaba a insinuarse sobre los tejados de Madrid cuando Valeria marcó el número con manos que temblaban tanto que tuvo que intentarlo dos veces. Cada timbre sonaba como una acusación, un recordatorio de las palabras venenosas que había escupido apenas horas antes.
"No eres mi pareja. No eres nada."
El recuerdo le quemaba la garganta como ácido.
—¿Qué? —La voz de Enzo atravesó la línea con una frialdad que nunca antes le había dirigido. Una sola palabra que contenía m