La luz pálida del amanecer se filtraba a través de las ventanas del Hospital Universitario de Rabat cuando Valeria atravesó los pasillos del tercer piso, sus pasos resonando contra el linóleo con una urgencia que contrastaba brutalmente con el silencio que reinaba a esa hora. Eran las cuatro de la mañana y hacía apenas dos horas que el equipo de fuerzas especiales había entregado a Isabella a los médicos marroquíes, su cuerpo magullado y quebrado pero milagrosamente vivo.
Sebastián ya estaba all