La notificación llegó como un puñetazo directo al estómago.
Viktor levantó la vista de su pantalla, el rostro habitualmente inexpresivo ahora marcado por algo que Valeria solo podía describir como incredulidad pura. Sus dedos se habían congelado sobre el teclado, la luz azulada de los monitores reflejándose en sus gafas mientras procesaba lo que fuera que acababa de descubrir.
—Tenemos un problema —dijo, su voz monocorde adquiriendo un matiz que Valeria nunca había escuchado antes. Algo cercano