La llamada del Director del CNI llegó a las siete y cuarto de la mañana del martes, interrumpiendo el desayuno tranquilo que Valeria y Enzo compartían en la cocina de la residencia. Lorenzo balbuceaba alegremente en su silla alta mientras Carmen preparaba café para todos, una escena doméstica tan normal que resultaba casi irreal considerando todo lo que habían vivido.
Enzo contestó al primer timbrazo, su expresión cambiando gradualmente de curiosidad a incredulidad, y finalmente a una furia fría