La luz dorada del lunes por la mañana se filtraba a través de las cortinas de seda del dormitorio principal de la residencia, creando patrones cálidos sobre las sábanas revueltas donde Valeria y Enzo habían pasado su primera noche como marido y mujer. El anillo de platino aún se sentía extraño en el dedo de Valeria, un peso dulce que la hacía sonreír cada vez que lo notaba.
Enzo ya estaba despierto, observándola con esa intensidad que había aprendido a reconocer. Sus dedos trazaban círculos pere