El vestido negro se deslizaba sobre la piel de Valeria como una caricia líquida. Se miró al espejo una última vez, satisfecha con lo que veía. La abertura lateral ascendía peligrosamente por su muslo, mientras que la espalda descubierta revelaba cada vértebra de su columna hasta casi rozar la curva de sus nalgas. El escote frontal, aunque no excesivo, insinuaba lo suficiente para despertar la imaginación.
—Esta noche voy a causar un infarto —murmuró para sí misma, aplicando una última capa de la