La suite del hotel era exactamente lo que Valeria había esperado de un establecimiento de cinco estrellas en pleno centro de Madrid: elegante, espaciosa, con vistas a la Gran Vía iluminada como un río de luces. Pero nada de eso importaba ahora.
Lo único que importaba era el hombre que cerraba la puerta tras ellos con un clic definitivo que resonó como una sentencia.
Enzo se volvió hacia ella, y Valeria sintió que el aire abandonaba sus pulmones. En el taxi desde la gala habían mantenido las dist